Sandro, vivió en la casa de mi madre por un tiempo, trabajaba en una fábrica de calzado y yo en una sastrería. Pero sentía que así no podíamos seguir. Una noche escuché la voz de Jesus en mi corazón, que me dijo :” Hijo mio, empieza una nueva vida para ti”;estas palabras se quedaron grabadas en mi mente, me hacian pensar, asi que Sandro y yo reunimos el dinero que teniamos por el viaje, y partimos por un destino desconocido. Era el año 1988. En aquel periodo ocurrió el terremoto en Umbria, de hecho durante el camino vi las casas destruidas, y yo también de alguna manera me sentía así, pero tenia el deseo de recomenzar  una vida, caracterizada por el silencio y refugio. Nos paramos en Assisi, Sandro me preguntaba el programa, lo que el y yo teniamos que hacer en aquel lugar y yo lo tranquilizaba, pidiendole de rezar por Dios que haría lo necesario para nosotros, y así fue.

Recibí la llamada de mi amigo, que siempre yo solía llamarlo “Papá Sanzio”, por qué me ayudó desde el empiezo de mi camino, y aquel día me pidió una oración. Sanzio vivía en Polverigi -Ancona-, mientras hablábamos me pregunó dónde me encontraba y,escuchando que yo me encontraba en Assisi,  se quedó curioso sobre la motivación que me llevó ahí. Yo le dije que no quería nunca más regresar a mi casa y que deseaba recomenzar mi vida, come el Señor quería. Su disponibilidad fue inmediata y me invitó a su casa por un tiempo. Pasó un mes y no conseguí nada de concreto, me sentía un peso por la familia de Sanzio, aunque el me seguía diciendo que quería ayudarme, como hace un padre. El mismo me puso en contacto con una volontaria de la Caritas de la ciudad de Fermo, con la finalidad de encontrar trabajo. Nos dirigimos a Fermo para conocer Antonietta que me llevó a algunas fábricas para conseguir algun trabajo, pero no encontramos nada.  Luego,mientras salíamos, vi una fabrica  y pregunté a Antonietta de ir allí, aun cuando,según ella era muy dificil que yo lo encontrara en aquel lugar , pero yo quise lo mismo ir. De hecho, por fin conseguí trabajo tanto para mi como para Sandro.

Como puedo no reconocer la providencia de Dios? Sanzio lo sentía de dejarnos pero yo lo tranquilizé y lo saludamos. Antonietta no podia recibirnos por la noche, justamente, por qué no nos conocía, pero nos dio una dirección hacia una iglesia abandonada, y nos recomendó tener cuidado por qué la estructura era peligrosa. Vivimos en aquella iglesia,dónde dormíamos en la rectorí por tres semanas; el trabajo iba bien, aunque tuvimos muchas dificultades y tenía que incentivar Sandro que quería irse. Una noche le pedí de no quejarse, sino de ir a rezar en la iglesia porqué la providencia nos iba a ayudar, sobretodo si era el, el que rezaba. Después que comimos el usual bocadillo, de mala gana Sandro se convenció y fuimos a rezar el santo rosario. El dia después, al regreso del trabajo, una señora nos esperaba delante de la iglesia. Pensamos que era llegado el momento de mudarnos, pero nuevamente el Señor hizo maravillas para nosotros. La señora Luciana, era muy procupada por nosotrosporqué aquel lugar era muy peligroso, y nos pidio de recoger mis cosas y de seguir ella, a su casa, dónde nosotros seríamos alojados en su desván. Para nosotros era un gran don recibir todas la comodidades de una casa verdadera, no nos parecía verdad.Yo me quedaré siempre agradecido a Luciana por lo que hizo, para recibirnos sin conocernos, y teniendo una  grande cruzque llevar : el marido con graves problemas de salud. Justamente, después de un mes, Sandro y yo queriamos devolver su disponibilidad, nos trataba como si fueramos sus hijos, cocinando, pero Luciana no quiso nada, al contrario nos agradeció, por qué nosotros mimamos su marido y por qué le alegrábamos su casa. Pero nuestra intención no era de aprovecharnos  de su hospidalidad, y pues teniamos la necesidad de espacio, y decidimos de buscar otra casa solamente nuestra, y así, a través de la ayuda de Luciana y de Antonietta, la encontramos y fueron así  generosos de hacerla muy habitable. Y desde aquel momento empezó mi nuevo camino, viviendo mis esperiencias místicas en silencio y en la oración.

Tras un largo período, Sandro, por motivos personales, regresó a Naples y yo seguí mi vida en Marche siempre en silencio y en mi tranquilidad cotidiana, asistiendo a grupos de oración.

En la foto se pueden ver Elio y su mujer Flora, amigos de Polverigi – Ancona- . amigos que, como papa Sanzio, me ayudaron y apoyado por años. Abrieron las puertas de su casa para acoger el grupo de oración, que siguen reuniendose.

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