Mi nombre es Ferrara Rafael,pero mi apodo es “Lello”.
Nací en Grumo Nevano (NA) el 07/05/1966 y procedo de una familia muy numerosa ,formada por once hermanos,yo era el noveno.
A siete meses nací; a cuatro años no hablaba, es decir no sabía pronunciar claramente las palabras, no sabía componer frases completas y no caminaba, creando sin duda problemas a quién me cuidaba.
Mis padres trabajaban en Frosinone y volvían a casa cada quince dias,màs o menos según las posibilidades y a las diferentes necesidades, en consecuencia el trabajo de cuidar y dirigir la familia era de mi hermana mayor. Una de sus tareas era de llevarme al colegio, pero ya que yo no quería ir, encontraba siempre la manera de hacer novillos, creando por su puesto debates con mis padres, debidos a mi obstinación de no ir al colegio.
Como resultado de mis merecidos suspensos, mis padres decidieron de llevarme a Ururi, en la provincia de Campobasso, dónde vivía mi tío, hermano de mi padre, con el objetivo de cambiar mi vida, para ser seguido por nuevas personas y para hacerme conocer nuevos espacios.
Pero esta experiencia fue un fracaso porque no obtuve los resultados deseados; así que volví a Nápoles y decidí de irme a trabajar.
Se puede entender que mi adolescencia fue muy agitada.
Yo tenía diecinueve años y ,como todos mis compañeros, tenía novia. Yo era católico pero no practicaba mi religión, contrariamente a mi tía, la cual era practicante y muy devota, organizaba muy a menudo peregrinaciones en Oliveto Citra, un pueblo de montaña en provincia de Salerno, dónde se encontraban restos de un castillo abandonado en la que se verificaban apariciones de la Virgen María.
Un día mientras iba a ver mi novia encontré mi tía, me paré para hablar con ella, la cual me invitó a uno de sus peregrinaciones a Oliveto Citra.
Yo muy sorprendido de su invitación, rechazé,pero ella insistió.
Entonces muy curioso de su insistencia, le prometí que un día iría a este lugar, pero con la condición de no hacerme entrar el la Iglesia y de no hacerme rezar, por qué no sabía ninguna oración, ni siquiera El Avemaría. Así mi tía me aseguró diciendome que yo no era obligado entrar en la Iglesia y que podía quedarme delante de la entrada o recorrer el país.
Era el día 8 Diciembre 1985 y mi tía estaba organizando el peregrinaje por Oliveto Citra y yo, como prometí, tenía que ir. Esperaba que mi novia viniese conmigo,pero ella no quiso, así que tuve que ir solo, para hacer feliz mi tía.
Durante el viaje , en el autobús, repetían el santo rosario y yo me sentí incómodo y ya me estaba arrepintiendo de mi decisión.
Cuándo llegamos, habían muchas personas que rezaban y que hacían cola, en una escalera con el objetivo de entrar al castillo.
Yo también, curioso, empecé la cola: quería ver que había delante o detrás de la entrada.
Pero una vez entrado, no ví nada en particular , y de consecuencia me fui.
Mientras yo bajaba las escaleras, que terminaban en la plaza que se encontraba delante del castillo, levanté los ojos hacia la entrada, la miré fijamente y sentí mi corazón latir a mil.
Impresionado por este acontecimiento, me pregunté cosa me estaba pasando, creí que probablemente era la atmósfera de aquel lugar, pero no podía darme una explicación.
De repente,mientras miraba la entrada , vi una gran luz blanca con la imagen de una cruz. Después esta imagen se abrió y entrevi el perfil de una mujer con las manos abiertas , como signo de abrazo, en seguida las unió y con una cara que miraba hacia la derecha y a la izquierda.
Me quedé asombrado , no me di cuenta de lo que me estaba ocurriendo.
Inmediatamente huí con las lágrimas en los ojos,quería quedarme lejos de la multitud. Yo lloraba y no quería hablar con nadie, pero sentía dentro de mi una gran paz.
En algú momento vi llegar mi tía, muy preocupada, y me preguntó lo que me pasó, pero yo no le conté nada porqué yo tenía miedo que ella pudiese contarlo a todos. Aunque ella me tranquilizó diciendome de no preocuparme y que mi acontecimiento era un segreto entre nosotros,así que le expliqué todo lo que me pasó.
Transcurrí el resto de la noche en silencio y luego,por fin, volvimos a casa.
Desde aquel momiento el deseo de regresar era muy grande.
Después de algunos días vi mi tía y le pregunté cuando era posible ir otra vez al peregrinaje en Oliveto Citra y ella me contestó diciendome que otro grupo se iba el lunes siguiente,así que aprovechéy decidí de unirme a ellos. Partí por mi segundo peregrinaje, me dirigí hacia la entrada,pero esta vez no vi nada; aunque yo sentía siempre una gran paz dentro de mi, y cuando volvi a casa me prometí de regresar otra vez.
Era el 30 de Genero 1986 cuando regresé por la tecera vez al castillo y había muchísima gente,como siempre. Hice la cola, y mientras intentaba de subir las escaleras, yo trataba de rezar diciendo “Ave Maria,Santa Maria” ya que no la sabía por completo.
Mientras rezaba,de repente, no vi nada de todo lo que me rodeaba; sólo había una gran luz que se volvía siempre más fuerte; en esta luz vi una magnífica mujer, poseía una gran capa celeste, un cinturón dorado y era apoyada sobre de una gran nube, con un niño entre los brazos y me dijo: “ No tengas miedo, soy la madre del cielo. Amate,amate y no tengas miedo mi hijo. Empieza a ir a misa. Reza,reza”.
Después se inclinó hacia mi frente, me la besó y me desmayé. Me llevaron a la “Reina del castillo” donde me asistieron.
Cuándo me recuperé yo era rodeado por todos los que me recuperaron, me preguntaron qué pasó; pero yo no paraba de decir dónde se encontraba la mujer que me besó mi frente. Ellos no entendieron, pero sentían un gran perfumen proceder de mi frente. Entre los socorristas y las personas que se encontraban allí estaba Padre Mario Baraglini y su secretaria Anna Ghibellini, que eran allí como peregrinos.

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